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Feliz (?) Día del Maestrx

Estamos en medio de una pandemia mundial con toda la crisis que ello implica. Pero igual es 11 de septiembre, el día del maestro (en masculino, aunque casi el 80% de quienes egresan del magisterio sean mujeres). Quizás en medio de esta turbulencia sea buen momento más para repensar nuestra educación en el mundo de antes, el de hoy y en el que se viene.

 Inevitablemente nos atraviesan más preguntas que respuestas, el colapso parece inminente y las resistencias se generan desde espacios impensados. Aprender con las herramientas que tenemos al alcance y crear otras. Teniendo en cuenta que ni siquiera antes de la pandemia existía un acceso total a la educación y que no todxs lxs docentes contaban con la formación y los medios para adaptar su trabajo a la virtualidad y fuera de las aulas. Pero tocó.

 Si pensamos en cómo apareció la escuela en nuestro país tenemos que remontarnos a las épocas de Sarmiento, en pleno movimiento post Revolución de Mayo e Independencia. Ahora somos independientes, nos tenemos que gobernar nosotrxs. 

 Pensar en una educación masiva (entendiendo lo que era “masivo” a mediados del siglo XIX)  parecía urgente y si bien seguía fuertemente en disputa el modelo de país que se quería construir, la educación estatal se puso en formación. Fue a quien hoy se llama el padre fundador de la escuela, a quien se homenajea por su impulso a crear escuelas en el país, Sarmiento. Ese que escribió Facundo, Civilización y Barbarie. 

 Fue cerca de 1870 cuando se creó la primera escuela para maestrxs. Aunque decir maestras parece más acorde. De hecho, entre 1874 y 1921 se graduaron 2.626 maestras y sólo 504 maestros.

 No es sorpresa si quienes gobernaban en ese momento hacían las siguientes declaraciones públicas:

  • «La experiencia ha demostrado efectivamente que la mujer es el mejor de los maestros, porque es más perseverante en la dedicación a la enseñanza, desde que no se le presentan como al hombre otras carreras para tentar su actividad o ambición y porque se halla, en fin, dotada de todas esas cualidades delicadas y comunicativas que la hacen apoderarse fácilmente de la inteligencia y de la atención de los niños». Nicolás Avellaneda, 1870.

 

 Desde su creación, la educación tiene cimientos patriarcales. Como muestra la foto, la mujer impoluta delante del pizarrón frente a pibxs sin otro horizonte que recibir las palabras de la docente, sin poder mirar atrás, moverse demasiado y chiquitx frente a la autoridad que le  maestrx representa. Prolijos. “Decentes”. Presentables ante la sociedad. 

 Si la escuela es el espacio donde nos formamos para insertarnos en la sociedad, tiene sentido que desde allí hayan estimulado ese modelo de sociedad. 

  Claro que eso cambió, que se “modernizó”. En la dinámica del rol maestrx - alumnx se flexibilizaron algunas cosas, se mantuvieron (muchas) otras. Las aulas y la relación en el intercambio pedagógico sigue construído sobre la misma base. 

 

  Hoy no tenemos encuentros en el aula. Todo es virtual. Y nos obliga a detenernos en la situación de esos docentes que están manteniendo la educación a flote en un mundo donde todo se está desarmando. Algo tan tradicional como la educación, que se sostuvo todo este tiempo en bases tan arcaicas, patriarcales y poco flexibles se desarmó por completo. La base de lxs obrerxs de la sociedad. Todo esto en un contexto preexistente de un sistema que deteriora la educación pública día a día, dónde las condiciones laborales cada vez son más vulneradas, desde recortes salariales hasta directivos que van en contra del empuje del maestre que está todos los días con lxs pibxs. El avance es frenado, los docentes que buscan modernizar se ven amenazados a encajar en la estructura. Quienes piensan la educación, quienes manejan la escuela, generalmente suelen estar lejos de las aulas y operan como traba para una real transformación de la educación es clave.

 

   Si pensamos en los docentes al día de hoy, tenemos que contemplar que de golpe una pandemia les hizo enfrentarse a adaptar sus métodos de enseñanza a la virtualidad -si es que disponen tanto ellxs de los medios como sus alumnxs- . En muchos casos, leemos a docentes que relatan el encuentro con sus alumnxs únicamente desde un grupo de whatsapp, porque no es solamente amoldar sus posibilidades si no también la de lxs chicxs. 

 

 Muchxs también tienen hijxs que también están en la misma, ser docente en casa para alumnxs e hijxs. Los límites se difuminan, casa- escuela, xadres - docentes, le pibx frente a la pantalla para estudiar, encontrarse con sus compañerxs, entretenerse. ¿Cómo se están formando los lazos con le otre hoy?¿Cuál es el sentido comunitario que se está gestando? ¿Es el acotado encuentro docente - alumne una resistencia frente a la pandemia?  ¿En qué condiciones están trabajando lxs docentes? Las preguntas siguen siendo infinitas porque es momento de repensarlo todo.

 

   Federico Lorenz, docente y formador argentino, escribe en una nota de la Revista Anfibia: “En la emergencia, la función primordial de las escuelas hoy es mantener la socialización de los niños y adolescentes mientras aprenden, lograr que el aislamiento sólo sea físico, y que el miedo no domine sus conductas ni determine sus juicios. Pero aún cuando esa es la tarea principal, no se puede resignar la obligación de dejar abierta la posibilidad de soñar e imaginar el futuro. La desigualdad que la pandemia desnudó brutalmente se añadió a los efectos propios del fenómeno y se tradujo en las enormes dificultades que encontramos docentes y estudiantes para comunicarnos. Por eso es necesario enfatizar que lo que sigue no es la recuperación de una normalidad, sino una reconstrucción. “ y nosotrxs suscribimos, el camino es hacia una reconstrucción.



 

Bibliografía:

http://revistaanfibia.com/ensayo/volver-al-aula-para-reconstruir-una-sociedad/

https://www.elhistoriador.com.ar/breve-historia-de-la-educacion-en-argentina/

    

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