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Pariendo historias

Abrimos la semana del Parto Respetado con el testimonio de Belén. Esta iniciativa nació en 2004 gracias a la Asociación Francesa por el Parto Respetado (AFAR) y desde entonces se replica en distintos países con un objetivo principal de visibilizar el modo en que se atienden partos en todo el mundo y exigir el cumplimiento de derechos vinculados al nacimiento.

Desde el 2004 y gracias a la Asociación Francesa por el Parto Respetado, se comenzó con una inciativa que sobre todo busca visibilizar y asegurar los derechos vinculados al nacimiento, de madres y de hijes. La violencia vivida en los partos, la sensación de "robo" de ese momento por cómo se trata a quienes están por parir. Historias como la de Guillermo Andino , el conducto de TV que acordó con el obstetra la fecha de cesárea de su hija a escondidas de su pareja. Historias como las que cuentan miles de mujeres alrededor del mundo donde se las obligó a parir y a vivir ese momento de una manera determinada. Todo eso y más es a lo que busca ponerle fin la visibilización que da la semana del parto respetado. 

 

Este es el testimonio de Belén. @doulabelen 

 

MI CUERPO COMO PROTAGONISTA

A veces creo que sí, llegamos a este plano, con algún propósito, a sanar, a aprender, a
enseñar, a dejar una marca...Me detengo a pensar y me doy cuenta que en el transcurso de
mi vida, mi cuerpo, fue protagonista.
En Diciembre del 2014 nació mi primer hijo, a través de una cesárea. Necesaria, cero
traumática, un nacimiento muy hermoso, pero algo me quedó "pendiente". PARIR.
Julio del 2017, llega mi segundo embarazo, y era una nena.( ¡todo lo que significaba para
mí, como mujer y en estos tiempos, el hecho de saber que iba a criar a una niña!)
Transité todos esos meses, informándome, leyendo, hablando y escuchando experiencias
de otras mujeres, buscando equipo médico respetuoso y que me acompañe a tener mi
PVDC (Parto vaginal después de cesárea).
Comencé a escuchar, a sentir y leer a mi propio cuerpo. Entender cada manifestación del
mismo, y el por qué de ello.
Marzo del 2018, luego de 12 horas de un trabajo de parto tan espontáneo e intenso, en la
sala de partos, se escuchan gritos.
No eran gritos de dolor, eran gritos de una mamífera pariendo. Gritos de empoderamiento.
Gritos de "acá estamos hija!".
El pasado quedo atrás. Aquella adolescencia dura, atravesada por momentos que me
marcaron... Todo lo que alguna vez me hizo daño, en ese instante, se murió.
Ella nació y yo también, volví a nacer.
Ahora sí, me sentía dueña de mi propio cuerpo.
En Octubre de ese año, precisamente, el día de la madre, junto con mis hijes y mi
compañero, en un bello ritual, nos despedimos de la placenta.
Hicimos una impresión sobre una hoja, para que quede de recuerdo la imágen, su forma,
sus detalles, y hoy para mí, es el cuadro más bello que hay en nuestro hogar.
Luego, agradecimos a la placenta, por todo lo que le dio a nuestra hija, por haberle brindado
tanto y mantenerla con vida durante todos los meses en la panza. La enterramos en un
macetón grande y plantamos un arbolito.
Ese arbolito, creció un montón, con unas hojas de color bien verde y fuerte! Pasaron días de
muchísimo calor, nos hemos ido de vacaciones, lluvias y sacudones por el viento...y él sigue
ahí, siempre firme!
El ritual de devolver la placenta a la tierra, en lo personal tuvo todo un significado. Fue
despedir, para darle la bienvenida a lo nuevo.
Una nueva mujer, mucho más empoderada! Dueña de su cuerpo, tal y como es, con sus
decisiones y elecciones.
A partir de ese momento mi vida dio un giro, pero siempre el cuerpo, como protagonista.
Aunque ésta vez no era con el propio, sino ajenos.
Me formé como Doula, para acompañar a mujeres en el proceso de su embarazo, parto y
puerperio.
Actualmente soy estudiante de la carrera de Puericultura. También para acompañar desde
el embarazo, en los primeros días del bebe y en su primera infancia.
Acompañar. Sostener. Informar. Empoderar. Decidir. Conocernos. Ser conscientes de
nuestro cuerpo,de lo sabio que es. De nuestra naturaleza. Nuestra fisiología.

Nuestro cuerpo está preparado para menstruar, gestar, llevar adelante un embarazo, para
parir, para amamantar.
Todo está perfectamente diseñado.
Hace un año, incorporé a mi estilo de vida, la Copita Menstrual.
El primer ciclo fue pura y exclusivamente de autoexploración. De explorar, probar, sentir con
qué y cómo me sentía cómoda. De tocar y observar mi sangre. De darme cuenta que era
otro el color, otra la consistencia, de que no tenía olor, de percibir la cantidad real de sangre
que menstruamos.
Esperaba con ansias el segundo ciclo, para volver a usar la copa. ¡Y fue todo un éxito!
Encontré la posición que me resultaba cómoda y el doblez. Y estuve todo el ciclo, sin
problemas, sin fugas de sangre, sin incomodidad.
Desde que incorporé a la copita, la relación con mi menstruación cambió por completo.
Cuando antes padecía la llegada del ciclo, ahora, la espero con muchas ganas, por el
simple hecho de saber que voy a usar la copa. Antes con el uso de toallitas, me sentía
húmeda, molesta todo el día, el tampón me provocaba dolor, sequedad, me irritaba. Ahora,
me siento limpia, fresca, cómoda. Hasta podría decir, que me olvido por completo que estoy
menstruando.
Cada vez que saco la copa, me gusta observar la sangre, la cantidad. La vacío, lavo y
vuelvo a colocarla con facilidad. También pude comprender que cada día del ciclo es
diferente, que cambia nuestro cuerpo, la ubicación de nuestro cervix, nuestro canal vaginal.
Es impresionante cómo cambia nuestra percepción, respecto a nuestra menstruación,
cuando se comienza a usar la copa.
Aún, falta mucho todavía, pero creo que estamos dando pasos muy grandes, algo está
cambiando, ya no es como antes.
Mi cuerpo como protagonista.
Así fue.
Todo lo vivido, lo malo y lo bueno, es lo que me impulsa a acompañar a otras mujeres.
Acompañarlas en sus embarazos, en sus partos, en sus lactancias. Acompañarlas en una
marcha, juntas, en un abrazo sororo, de lucha. Exigiendo por nuestros derechos,
haciéndonos escuchar, mostrandonos acá, de pie, más firmes que nunca. Por las que no
están, por las que están y nos necesitan, por el futuro de las pequeñas, por la que tenemos
al lado, por nosotras, por mi, por TODAS.
Quizá éste era mi propósito?
¡LA REVOLUCION SERA FEMINISTA!

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