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Una menstruación sustentable como herramienta para frenar el cambio climático

La conciencia ambiental está en todo lo que hacemos día a día. Desde el cepillo de dientes que usamos a la mañana hasta la botellita de agua que elegimos llevarnos en la mochila. Nuestra higiene menstrual no iba quedar fuera.

Los productos desechables tienen un impacto doble: sobre nuestro cuerpo y medioambiente. Primeramente, nosotrxs somos quienes vamos a recibir los químicos que estos productos tienen en nuestro cuerpo y luego  nuestro planeta la basura en la que se convertirán tras ser usados. 

   Estos artículos son fabricados a partir de la explotación de muchísimos recursos naturales que son limitados e incluso forman parte de negociados inmensos como  la industria“femcare”. 

   Quienes menstruamos solemos hacerlo en reglas generales una vez al mes, si eso lo pensamos en relación a la cantidad de años que nos pasamos menstruando, cada persona menstruante genera a lo largo de su vida mucha más basura de la que podríamos visualizar. No se trata de hacer un mea culpa, sino de pensar de qué manera podemos colaborar con nuestro planeta, sobretodo ante una crisis climática inminente. 

  Eso sí, sin olvidarnos algo fundamental:  somos nosotrxs quienes ponemos el cuerpo e introducir algo que es tan dañino para nuestro entorno también lo es para nuestro interioridad. Se trata de cuidarnos y cuidar lo que nos rodea.

   Con la información que tenemos hoy por hoy, que nuestra menstruación no contamine es una decisión. Sabemos que eliminar todo de un día otro es difícil, tampoco es la idea, pero poner en foco nuestros propios hábitos es cambiar de página y abrirnos a la posibilidad de modificar las cosas tal como se nos son dadas. Nuestro cuerpo al igual que el espacio que habitamos necesita de nuestro uso de conciencia para estar cada vez mejor, y colectivizar lo que vamos aprendiendo conduce a que el impacto negativo de estas costumbres sea cada vez más pequeño y el efecto positivo mayor.  

      Es todo un círculo; el puntapié inicial  empieza cuando nos damos cuenta que el mundo descartable en el que vivimos no da más.  

 

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